EL ACUERDO DE URUGUAY CON CHINA AGRAVA LA CRISIS DEL MERCOSUR

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El anuncio del presidente de Uruguay, Luis Lacalle Pou, que el miércoles confirmó que se aceleran las negociaciones de su país para un tratado de libre comercio con China, puso nuevamente en tensión al Mercosur y siembra dudas sobre la cohesión del bloque regional, una semana antes de la reunión presencial de presidentes, prevista para el jueves próximo en Asunción, Paraguay.

“Está todo muy tensionado, hay que salvar el bloque regional”, afirmaron a LA NACION fuentes de la cancillería argentina, un día después de que el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, confirmara públicamente que no irá a la cita de Asunción, enojado por la decisión de Montevideo. La tensión quedó clara en las reuniones de los coordinadores nacionales de los cuatro países, que se llevaron a cabo durante esta semana, y de la que participaron por Argentina Cecilia Todesca (coordinadora económica) y Gustavo Martínez Pandiani (coordinador político).

“Dije que no voy a ir. En política, puedes dar marcha atrás en algunas cosas, pero mi decisión hasta ahora es no ir al Mercosur, a pesar del llamado de Marito [Abdo, presidente de Paraguay]”, dijo el mandatario brasileño en una entrevista a la CNN.

Al faltazo anunciado de Bolsonaro se sumará el del presidente de Chile, Gabriel Boric, invitado como Estado asociado a la cumbre de Asunción, al igual que su par de Bolivia, Luis Arce. “El Presidente no asistirá y en representación de Chile irá la canciller Antonia Urrejola”, confirmaron a LA NACION desde el gobierno chileno.

En este caso, la decisión de Boric pareciera estar motivada por la certidumbre de que las discusiones, y no el consenso, serán predominantes en las charlas entre los presidentes en el Centro de Convenciones de la Conmebol, cercano al aeropuerto de la capital de Paraguay.

“Concluyó el trabajo con China. Llegamos a un acuerdo beneficioso para los países y empezará la negociación de Tratado de Libre Comercio”, anunció el miércoles el presidente uruguayo. “No queremos avanzar solos, pero Uruguay no estaba dispuesto a quedarse quieto. Seguramente sea motivo de conversaciones en la próxima cumbre”, dijo Lacalle Pou. En la Cancillería afirman que el aviso de Uruguay llegó horas antes de la conferencia de prensa en la que el presidente uruguayo anunció el inicio formal de conversaciones con el gigante asiático.

Ante esta situación, el canciller Santiago Cafiero analiza encontrarse el lunes en Montevideo con su par de Uruguay, Francisco Bustillo. Recordaron desde la Cancillería que, según el tratado fundacional de Asunción, no puede concretarse un acuerdo bilateral sin el aval de los demás miembros del Mercosur. El encuentro de cancilleres del Mercosur está previsto para el miércoles 20, en el mismo lugar de la reunión de presidentes.

La decisión de Lacalle Pou, por cierto, no es nueva. Con Uruguay, y también con Brasil como promotores, se discute desde hace tiempo la flexibilización del bloque y la posibilidad de que los países negocien acuerdos comerciales con terceros países de forma independiente. En una de las últimas reuniones virtuales de presidentes, durante la pandemia, Alberto Fernández amenazó con romper el bloque porque -afirmó- no quería ser “un lastre” para nadie, en relación a los deseos de Uruguay de acelerar los acuerdos con China.

A eso se le suman las discrepancias, hoy atenuadas, entre Argentina y Brasil, en cuanto a la revisión del Arancel Externo Común (AEC) y a la posibilidad de que los países negocien acuerdos comerciales con terceros países de forma independiente.

Con Paraguay, el país anfitrión, inquieto por los enojos y desplantes a una semana de la cumbre (tiene un acuerdo con Taiwán, enemigo declarado de China) y con Uruguay como nuevo presidente pro témpore del bloque a partir de la semana que viene, las perspectivas de una reunión sin disensos parecen alejarse. “Es una situación inédita. En sus 31 años de vida del Mercosur, nunca les tocó atravesar una pandemia y una guerra en Europa con crisis de precios e inflación importada”, relativizaron desde la Cancillería para quitarle dramatismo a una cumbre que ya nace diezmada.


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